Universidad San Sebastián comparte reflexiones sobre cambios sociales y balance como sociedad 2019

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“Hoy nadie discute el valor de la multitudinaria y pacífica manifestación ciudadana, que no tiene nada que ver con los grupos de vándalos, delincuentes comunes, terroristas y anarquistas que, aprovechando el legítimo sentimiento de quienes sienten frustración y cansancio por las injusticias, han provocado una ola de destrucción de bienes públicos y privados en todo el país».

“Nunca, en ninguna circunstancia y por ninguna causa, puede haber justificación de la violencia o un encubrimiento de ella. Al contrario, sólo es legítima una manifestación ciudadana, cuando existe un explícito rechazo a toda agresión física y a toda destrucción de la propiedad pública y privada. Sin esta condición fundamental, la vida en sociedad se convierte en una selva, donde lo único que impera es la ley del más fuerte, del más violento, del más destructor, recurso deplorable e irracional, de todo el que por no tener argumentos, ni razones, ni la verdad para imponer de un modo pacífico su punto de vista, recurre a ella.”

«“En educación superior, no ha habido nada más injusto y regresivo que el costo, los intereses históricos del CAE. Son cientos de miles de egresados y profesionales jóvenes que no logran capitalizarse y consolidar sus proyectos de vida, por tener que responder a un crédito, cuyo capital inicial, muchos incluso ya pagaron. Es la hora de liberarlos de esas cargas abusivas. Nos proponemos tomar como una bandera institucional, conseguir una moratoria general de intereses y de actuales situaciones de mora, para todos los deudores históricos del CAE, y convertir a ese crédito -de este año en adelante-, en un crédito sólo en UF, y con las mismas facilidades de pago que hoy tiene.»

Somos una Universidad que no tiene temor de educar en la enseñanza de la no violencia, que hace explícito su rechazo a la predica del odio y la validación de la vía violenta como medio, aún para conseguir fines que a todos nos pueden parecer legítimos; y que enfrenta una atmósfera social donde se han perdido los principales parámetros éticos, y donde la mayoría de los representantes políticos parecieran haber claudicado frente a la consigna y la desobediencia vandálica y extremista, ciertamente, no puede ser grata para quienes creen que por medio del terror, pueden seguir silenciando y amedrentando a diferentes sectores de la sociedad civil, a punta de destruir e incendiar sus bienes y emprendimientos, aprovechándose impunemente de la más absoluta inoperancia de los poderes públicos, y de la evidente indefensión e inmovilidad en que la autoridad política ha dejado a las fuerzas de orden y seguridad.

El ataque planificado y vandálico a algunos de nuestros edificios, y a los de otras universidades privadas, a templos católicos y evangélicos, e incluso a la casa central de la más exitosa de las universidades chilenas, como es hoy la Pontificia Universidad Católica, no es una casualidad. Tampoco lo es, la falta de protección oportuna de nuestro derecho a perseverar en nuestras actividades, y el coordinado comportamiento de algunas radioemisoras y los canales de televisión, por quitar relevancia a estas violaciones a los derechos fundamentales de que son objeto personas, instituciones y comunidades pacíficas, cuyo único error sería esmerarse en el cumplimiento de su deber. Hay evidentemente un doble estándar que se acerca a la complicidad, en la forma en que esos medios que pertenecen a alguno de los principales grupos económicos del país, informan, vigilan y protegen los derechos de los vándalos y extremistas que destruyen y saquean edificios públicos y privados, especialmente de pequeños y medianos emprendedores, y el modo en que se muestra la acción defensiva y protectora de la ciudadanía por parte de las fuerzas de seguridad, e incluso las agresiones criminales a mujeres y hombres de Carabineros de Chile y de la Policía de Investigaciones, motivados a veces por errores y excesos condenables, pero que no autorizan a nadie, a tratar de hacerse justicia por sí mismo.

Frente a estas evidencias, deseamos volver a repetir nuestra posición: “condenamos toda expresión de violencia social, como las agresiones a personas civiles y uniformadas, las tomas ilegales, el uso de armas, de explosivos o elementos incendiarios, y toda organización pública o clandestina que promueva el odio entre las personas, legitime la violencia, y promueva la destrucción de cualquier bien público o privado, por un supuesto objetivo social. Condenamos toda complicidad por acción u omisión con esos actos y con esas organizaciones, y apoyamos la labor de la policía y de la autoridad, para perseguir a los responsables y sancionarlos de un modo ejemplar. Las armas mortales, de cualquier naturaleza, no pueden estar en manos de los particulares. Sólo la ley debe autorizar su uso, de manera que la posesión ilegal de ellas debiera ser penada con las sanciones más altas que corresponde, a todo el que por tenerlas de manera ilegal, automáticamente, se convierte en un peligro para la sociedad.”

Documento Reflexiones Universidad San Sebastián.

Documento Completo Reflexiones USS
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